Blog SAM · Entrada 04
Aniversario del debut diabético: ¿celebración o luto?
El "diabesaurio" —así le decimos en esta comunidad— es una fecha que cada quien vive distinto. En esta entrada, Majo y Vale cuentan, en paralelo, cómo esa fecha les pesa (o no) a cada una.
1Sin romantizarlo
¿Qué haces con la fecha del debut?
El diabesaurio —así le decimos en esta comunidad— es un día que marcó un antes y un después. No vamos a romantizarlo: ese día duele, o al menos dolió alguna vez. Nadie quiere recibir una noticia así para su hijo o para sí mismo.
No hay una única forma "correcta" de responder. Por eso esta vez quisimos contarlo desde dos lugares distintos: el de Majo, mamá de Amelia, y el de Vale, diagnosticada a los 6 años. Dos formas de relacionarse con la misma fecha — igual de válidas.
2Dos formas de recordar
Lo que la mente sí (o no) logra retener
El día que la mente no logra borrar
Como mamá, me atrevería a decir que no solo se recuerda la fecha: se recuerda cada detalle. Me encantaría que mi mente pudiera borrar la imagen de su carita decaída, el número del box de urgencias, la forma en que los médicos corrieron... pero no puedo.
Recuerdo hasta la ropa que llevaba y la mamadera que le di antes de que llegara esa noticia que nos cambió la vida: "tiene diabetes". Los primeros meses fueron cambios, aprendizaje, miedo, información por todos lados.
Un recuerdo sin quiebre
A mí me diagnosticaron a los 6 años, así que sí me acuerdo del debut. Pero creo que, dentro de mi inocencia de niña, nunca lo viví como un "antes y un después". No hay en mi memoria esa línea divisoria tan marcada de la que hablan otros papás y pacientes.
Para mí simplemente fue un proceso de adaptación: aprender a pincharme, entender qué podía comer, acostumbrarme a los controles. Un paso a la vez, sin el peso de sentir que mi vida se había partido en dos. Quizás por eso hoy la fecha no me pesa como a quien sí la recuerda como el día en que todo cambió.
3Dos formas de vivirla
Qué hacemos, cada una, con esa fecha
Un tiempo de conexión
Con su papá decidimos darle un giro a ese día. No quisimos negar el dolor, porque sería imposible, pero sí transformarlo en un día de dolor y también de agradecimiento. Probablemente tenemos trabajo, colegio y mil pendientes, pero durante el desayuno nos sentamos juntos, comemos algo rico, jugamos... y nos recordamos que no todo ha sido tan duro.
Que, a pesar de todo, tenemos una hija maravillosa. Que estamos orgullosos de ella y de nosotros como papás — de haber superado las noches sin dormir, los miedos y los días agotadores.
Un día como cualquier otro
Siendo muy sincera, yo ni lo celebro ni es una fecha importante, ni para mí ni para mi familia. No tengo un ritual, no marco el calendario, no le doy un desayuno especial. Y no es porque no le dé valor a lo que ha significado vivir con diabetes — es que, al haberme diagnosticado tan pequeña, ya se volvió algo intrínseco en mi vida.
No es una fecha de la que "salí" ni a la que "volví"; es simplemente parte de quién soy desde siempre. Por eso no siento la necesidad de detenerme a conmemorarla como sí lo hacen quienes la vivieron como una ruptura, un quiebre entre un antes y un después.
4Lo que sí se siente
Este año / este mes fue distinto
El diabesaurio que no se sintió igual
El que cumplió hace unos días no se sintió como los anteriores. Como de costumbre, desayunamos juntos, jugamos, pintamos. Incluso le preguntamos a Amelia qué sentía por tener diabetes y nos dijo: "especial, con mucha energía y poderes".
Pero después me sentí rara. Decaída. Con mucha pena. Me fui a dormir una siesta porque simplemente me sentía triste. Lloré en distintos momentos del día. Y está bien que, aunque hoy sepamos muchísimo más, sigamos siendo sensibles.
Lo que sí me asombra: el tiempo
A mí ese peso emocional no me llega en la fecha exacta, aunque sí la recuerde. Pero sí hay algo que me pasa: cuando soy consciente del mes en el que estamos, me asombra pensar en lo rápido que ha pasado el tiempo.
No es tristeza ni nostalgia por un "antes". Es más una pausa breve, casi de sorpresa, al notar cuántos años han corrido con la diabetes ya instalada en mi día a día. Y más allá de eso, nada más — sigo con mi rutina como si nada.
5Nuestra conclusión
No hay una sola forma de vivirlo
Quizás el aniversario del debut no tiene que ser necesariamente una celebración ni necesariamente un día de luto. Quizás puede ser ambas cosas — o ninguna. Un día para recordar lo que dolió y agradecer que seguimos aquí. O un día que simplemente pasa, como cualquier otro, porque la diabetes ya es parte de quien eres.
Que a ti no te pese igual no significa que le reste importancia a lo que otros sienten. Y que a otros les duela cada año tampoco significa que no hayan avanzado. Cada forma de vivirlo es válida.
6Nos vemos pronto
¿Y tú, cómo lo vives?
Ese día duele, se transforma, se celebra a medias, se deja pasar, o se vuelve intrínseco a la vida misma. Sea cual sea tu forma, es válida. Cuéntanos en los comentarios cómo vives tú el aniversario del debut. Te leemos.
Escrito por Majo (cuidadora de Amelia) y Vale (paciente) — las dos detrás de SAM.